viernes, 13 de agosto de 2010

Willy, el aprendiz.

El domingo por la mañana fué a la carnicería de la plaza central. Guillermo era el único carnicero del pueblo que abría los domingos y siempre estaba lleno a esa hora. Todos comen asado los domingos pero sólo Guillermo tenía la inteligencia de trabajar cuando nadie quiere hacerlo. Milton entró despreocupado, sacó número y observó los cuadros de las paredes, siempre le llamaron la atención las distintas tipos de razas y cortes, las paredes se parecían a las de una Universidad de la vaca. Aberdeen angus, Holando Argentina, Hereford, Shorton, chinchulines, mollejas. Todo estaba perfectamente explicado con detalles exquisitos.

Pueblo chico infierno grande, Milton saludó a Doña Pereda con una sonrisa, el año pasado había tenido un amorío con su hija, casada, todo el mundo lo sabía. Saludó a Emilio con un flojo apretón de manos, el último mes había discutido groseramente con su hermano. Milton no tenía problemas en hacerlo, no se puede tener tanta memoria entre tan poca gente.

Luego de unos cuantos comentarios ridículos sobre actualidad, las elecciones a intendente se acercaban y sólo se hablaba de los dos candidatos, por fin era su turno y se sintió aliviado. Cuando intercambió miradas con Guillermo no supo que pedir y extrañamente empezó a dudar. Costillita… no, mejor vacío, o bife de chorizo? Tanto el carnicero como los clientes empezaron a impacientarse y un pesado murmullo salía de sus espaldas. Milton empezó a ponerse nervioso, al cuchicheo se sumó el rechinar de la cuchilla, Guillermo la había encendido en una clara señal de apuro.

Enceguecido por la presión pidió medio costillar, iba a comer sólo y los huesos nunca fueron su especialidad, pero fue lo primero que le salió de la boca, a veces la mente habla sola, pensó. Guillermo suspiró fuerte, tenía las costillas en la otra punta del mostrador, le pidió a su hijo Willy que la corte al medio, era una tarea fina pero sencilla y perfecta para su aprendizaje, como cuando un guepardo suelta una pequeña gacela para que los cachorros den sus primeros pasos en el difícil arte de la caza.

Milton estaba por primera vez en la mañana algo feliz, pensó que su grosera costilla por lo menos serviría para algo. A los pocos instantes, Guillermo, Milton, Willy y los seis clientes restantes estaban cubiertos de sangre. Willy se desvaneció, su padre corría de aquí para allá alocadamente sin saber qué hacer. El antiguo murmullo era ahora un griterío ensordecedor.

Willy había perdido visiblemente tres dedos de la mano izquierda, tal vez alguno más estaba comprometido. Milton, envuelto en una nube invisible pero infranqueable tomó al joven aprendiz de carnicero, le apretó la mano rebanada y le dijo: ¨nunca más me apuren cuando pido el asado del Domingo¨

viernes, 6 de agosto de 2010

Que se vuelvan a Austria ya!!

Malditos austriacos, uno supone que viniendo de un país tan supuestamente civilizado y ordenado no sucederían los escandalosos acontecimientos de los cuales pasaremos a comentar.

La embajada de Austria se ubica en la calle French entre Canning y Aráoz, es más fácil y corto decirle Canning aunque desde esta posición nos adherimos al cambio de nombre por el de Scalabrini Ortíz ya que evidentemente preferimos a un correntino socialista que a un ministro británico, pero para no irnos por las ramas volvamos a lo que nos interesa que casualmente tiene mucho que ver con ramas.

Un colega, Teclas Digitales, vivió hasta hace unos pocos días sobre la calle Aráoz, un departamento muy ameno que daba al contrafrente, justamente al jardín de la embajada en cuestión. Todas las mañana se levantaba y observaba con gran ímpetud un formidable Gomero de grandes proporciones y pensaba, según sus palabras, ''que suerte la mía que puedo ver este maravilloso árbol lleno de vida cada día cuando me levanto'', y así comenzaba su extensa jornada.

Esto fue así hasta que de un momento a otro esta motivante planta arbórea dejó de existir, caput. Donde alguna vez hubo una fuente de inspiración divina, llamativamente sólo se pudo encontrar cemento, puro concreto gris y triste.

No le podemos adjudicar este nefasto movimiento de energías a otra persona que al mismísimo embajador de la República de Austria. Por este medio lo exhortamos a que destruya su siniestro estacionamiento que sólo puede albergar sus patéticos, importados e insulsos automóviles alemanes, para que nos devuelva la vida, el verde y la esperanza de la naturaleza.

Aquí el escrache del que fuimos testigos, unos valientes héroes anónimos haciendo justicia por mano propia. Próximamente fotos espeluznantes del cadáver del arbolito agonizando en un container de morondanga.

sábado, 24 de julio de 2010

lunes, 19 de julio de 2010

martes, 13 de julio de 2010

Seguí de largo


Cansado, extremadamente exhausto, me propuse ganar la pelea. Siendo las 3 y con el agotamiento que tenía, estaba armado de sueño como para ganar por goleada esta partida.

Apoyé mi cabeza, sensación, la de siempre. No poder dormir.

Empezó el baile, vuelta para un lado, vueltas para el otro, pienso, me doy vuelta…

¿Que hago? ¿Me levanto? ¿Cierro los ojos? ¿Leche tibia o con miel? ¿Paja?

Siguen las vueltas de un lado al otro, miro el reloj, pasaron 45 minutos desde las tres. Me quedan 2 horas y cuarto para dormir…

Vos podes!!! Dale!!! Si estas muerto, imposible que no duermas por los menos un rato, concentrate y a dormir!

Nada, giro, giro, pienso……

Mi vida, que voy hacer?, estoy sólo? qué me gusta? Mando todo a la mierda?

No paro un segundo, ahora da vueltas mi cabeza…

4:15 de la mañana, espectacular, sigo con la misma historia, el tiempo pasa, no lo logro y el día esta comenzando.

Me altero, me enojo, bronca…como es que no puedo dormir!!!

La puta que lo parió!!!

5.30, desisto, me ganó, me pasó el trapo.

Pacientemente y muy cansado a desayunar.

¿Tengo que acostumbrarme a esto?

Llueve, hace calor y hay mosquitos.

División de polos, quiero DORMIR, dormir no puedo.

Que Sea Rock.

lunes, 5 de julio de 2010

miércoles, 16 de junio de 2010

Fué

Llegamos tarde, esta vez mucho mas tarde que la anterior. Silvina, sentada en la segunda fila, giró el cuello cuando escuchó el rechinar del portón de entrada. Me miró con una mezcla de alegría y enojo, supongo que estaba esperando que llegue pero no le gustaba que llegara siempre tarde y menos en compañía de Bernardo. Nos sentamos al fondo y las cabezas giraron nuevamente hacía el líder, ya todos sabían que éramos nosotros, los incrédulos zaparrastrosos.

El conserje empezó la charla, duramos lo que canta un gallo y nos fuimos como entramos, teníamos la obligación de ir pero no de quedarnos, así lo vimos siempre. Nuestros socios se esfumaron de la entrada, no dejaron pista alguna. Al salir, la noche estaba templada y los bares llenos de gente, yo sabía que Silvina vendría, pero estando en el primer banco esperaría hasta el segundo relato para salirse. Me quedé sólo por unos quince minutos. Estuve tratando de armar el rompecabezas pero me era imposible, Silvina era de suma importancia y yo la esperaría, debíamos resolver el misterio de la calle 13.

Salió, corrimos río arriba con gran entusiasmo, llegamos al bar y no había nadie. Ella me miró y no supe que contestarle. Estaba vacío. De todas formas nos metimos y sin más bebimos whisky, el mejor, no había nadie.

El cantinero llegó por la puerta trasera, ensangrentado. Tiré mi vaso por la ventana, Silvina hizo lo mismo, el monstruoso hombre cayó adelante nuestro, pesadamente. El estruendo se escuchó tan fuerte que hizo un eco tenebroso. Al rato llegó Bernardo, también estaba ensangrentado pero no cayó, la abrazó a Silvina y nos fuimos al río y nos mostró. Toda la gente que conocíamos estaba allí, cadáveres flotando, enrojeciendo el río.

-Esto se puso mucho peor de lo que pensaba, dijo Bernardo.

-Nos tenemos que ir, gritó Silvina.

A lo lejos, una bola de fuego cayó del cielo, todos la vimos y nuestras siluetas se dibujaron en el horizonte. Cuando giré para comentar lo sucedido, como lo hacía con todo lo que veía, noté que mis compañeros estaban ensangrentados y cayendo al río, como atraídos por un imán.

No queda una sola persona en este pueblo y eso me tranquiliza.

jueves, 10 de junio de 2010

Sigo esperando


La habitación estaba plagada de insectos. Dos horas aquí dentro eran demasiado para cualquiera. Nos empezamos a mirar cuando las cucarachas hicieron su entrada. Marcos tosía angustiado, varias veces me hizo señas, pero yo lo ignoraba. No quería que su absurda debilidad nos privara de semejante presencia.

Carlos, el dueño de casa, nos alentaba a seguir bebiendo, los tres estábamos borrachos y sabíamos que la estudiante vendría. Hacía años que queríamos conocerla y ese momento estaba por llegar. Marcos dejó de patearme y por fin habló.

-Esta misma noche de gélido frío, aquí reunidos tomando vino, conoceremos la leyenda.

Carlos, absorto, tomó un papel y empezó a anotar las preguntas que le haríamos. Yo solo tenía un interrogante, era de suma importancia y marcaría el resto de mi vida, o eso pensé siempre, pero no se la adelantaría a estos imberbes.

El rostro de Carlos demostraba una ansiedad plena, eso me puso feliz, me sentí identificado con su expectativa. El tiempo dejó de tener sentido, los repugnantes bichos nos asediaban y Carlos seguía abriendo botellas. Mi nula experiencia me decía que no vendría.

El reloj se movió con esfuerzo, las campanadas nos delataron, ella nunca se percató de nuestra larga espera. Carlos nos echó ofuscado. Marcos seguía tosiendo angustiado.

martes, 1 de junio de 2010