sábado, 24 de julio de 2010
lunes, 19 de julio de 2010
martes, 13 de julio de 2010
Seguí de largo
Cansado, extremadamente exhausto, me propuse ganar la pelea. Siendo las 3 y con el agotamiento que tenía, estaba armado de sueño como para ganar por goleada esta partida.
Apoyé mi cabeza, sensación, la de siempre. No poder dormir.
Empezó el baile, vuelta para un lado, vueltas para el otro, pienso, me doy vuelta…
¿Que hago? ¿Me levanto? ¿Cierro los ojos? ¿Leche tibia o con miel? ¿Paja?
Siguen las vueltas de un lado al otro, miro el reloj, pasaron 45 minutos desde las tres. Me quedan 2 horas y cuarto para dormir…
Vos podes!!! Dale!!! Si estas muerto, imposible que no duermas por los menos un rato, concentrate y a dormir!
Nada, giro, giro, pienso……
Mi vida, que voy hacer?, estoy sólo? qué me gusta? Mando todo a la mierda?
No paro un segundo, ahora da vueltas mi cabeza…
4:15 de la mañana, espectacular, sigo con la misma historia, el tiempo pasa, no lo logro y el día esta comenzando.
Me altero, me enojo, bronca…como es que no puedo dormir!!!
La puta que lo parió!!!
5.30, desisto, me ganó, me pasó el trapo.
Pacientemente y muy cansado a desayunar.
¿Tengo que acostumbrarme a esto?
Llueve, hace calor y hay mosquitos.
División de polos, quiero DORMIR, dormir no puedo.
Que Sea Rock.lunes, 5 de julio de 2010
miércoles, 16 de junio de 2010
Fué
Llegamos tarde, esta vez mucho mas tarde que la anterior. Silvina, sentada en la segunda fila, giró el cuello cuando escuchó el rechinar del portón de entrada. Me miró con una mezcla de alegría y enojo, supongo que estaba esperando que llegue pero no le gustaba que llegara siempre tarde y menos en compañía de Bernardo. Nos sentamos al fondo y las cabezas giraron nuevamente hacía el líder, ya todos sabían que éramos nosotros, los incrédulos zaparrastrosos.
El conserje empezó la charla, duramos lo que canta un gallo y nos fuimos como entramos, teníamos la obligación de ir pero no de quedarnos, así lo vimos siempre. Nuestros socios se esfumaron de la entrada, no dejaron pista alguna. Al salir, la noche estaba templada y los bares llenos de gente, yo sabía que Silvina vendría, pero estando en el primer banco esperaría hasta el segundo relato para salirse. Me quedé sólo por unos quince minutos. Estuve tratando de armar el rompecabezas pero me era imposible, Silvina era de suma importancia y yo la esperaría, debíamos resolver el misterio de la calle 13.
Salió, corrimos río arriba con gran entusiasmo, llegamos al bar y no había nadie. Ella me miró y no supe que contestarle. Estaba vacío. De todas formas nos metimos y sin más bebimos whisky, el mejor, no había nadie.
El cantinero llegó por la puerta trasera, ensangrentado. Tiré mi vaso por la ventana, Silvina hizo lo mismo, el monstruoso hombre cayó adelante nuestro, pesadamente. El estruendo se escuchó tan fuerte que hizo un eco tenebroso. Al rato llegó Bernardo, también estaba ensangrentado pero no cayó, la abrazó a Silvina y nos fuimos al río y nos mostró. Toda la gente que conocíamos estaba allí, cadáveres flotando, enrojeciendo el río.
-Esto se puso mucho peor de lo que pensaba, dijo Bernardo.
-Nos tenemos que ir, gritó Silvina.
A lo lejos, una bola de fuego cayó del cielo, todos la vimos y nuestras siluetas se dibujaron en el horizonte. Cuando giré para comentar lo sucedido, como lo hacía con todo lo que veía, noté que mis compañeros estaban ensangrentados y cayendo al río, como atraídos por un imán.
No queda una sola persona en este pueblo y eso me tranquiliza.
jueves, 10 de junio de 2010
Sigo esperando
La habitación estaba plagada de insectos. Dos horas aquí dentro eran demasiado para cualquiera. Nos empezamos a mirar cuando las cucarachas hicieron su entrada. Marcos tosía angustiado, varias veces me hizo señas, pero yo lo ignoraba. No quería que su absurda debilidad nos privara de semejante presencia.
Carlos, el dueño de casa, nos alentaba a seguir bebiendo, los tres estábamos borrachos y sabíamos que la estudiante vendría. Hacía años que queríamos conocerla y ese momento estaba por llegar. Marcos dejó de patearme y por fin habló.
-Esta misma noche de gélido frío, aquí reunidos tomando vino, conoceremos la leyenda.
Carlos, absorto, tomó un papel y empezó a anotar las preguntas que le haríamos. Yo solo tenía un interrogante, era de suma importancia y marcaría el resto de mi vida, o eso pensé siempre, pero no se la adelantaría a estos imberbes.
El rostro de Carlos demostraba una ansiedad plena, eso me puso feliz, me sentí identificado con su expectativa. El tiempo dejó de tener sentido, los repugnantes bichos nos asediaban y Carlos seguía abriendo botellas. Mi nula experiencia me decía que no vendría.
El reloj se movió con esfuerzo, las campanadas nos delataron, ella nunca se percató de nuestra larga espera. Carlos nos echó ofuscado. Marcos seguía tosiendo angustiado.
martes, 1 de junio de 2010
jueves, 27 de mayo de 2010
Neurosis
10 de la mañana, terminó la sesión. Salí de terapia más trastornado que nunca, cada martes empeoraba, mi neurosis se agudizaba paulatinamente. Av. Las Heras, caos. Creí que el psicoanálisis me relajaría pero por el contrario me insertaba en una oscura nube sin salida. Mis fobias progresaban, los autos, la gente, no podía soportarlo. Me tomé un taxi a casa y dormí todo la tarde. Así quedaba después de hablar de mi mismo por 45 minutos, fulminado. Esta si fue la última vez, pensé.
Por la noche, ya más tranquilo me fui al bar de siempre. Pedí un whisky y dos traviatas. Casi no comía y el desorden me abrumaba. Carlos me conocía más que nadie. Suena un poco triste que un servidor sea mi máximo confidente pero Carlos no era un mozo más. Según él había viajado por Europa y el medio Oriente, yo le creo. Sabía de todo un poco y me aconsejaba, cuando el bar cerraba nos quedábamos divagando hasta tarde. A esa altura era un amigo fiel, me convenció de que dejara al terapeuta, la única actividad que tenía.
-¿Si lo dejo que hago?
- No te preocupes, si tienes unos dólares me puedes acompañar a Colombia, parto a fin de mes. En el Caribe la gente no es como acá.
Me entusiasmé, los dólares me sobraban. Lo de Camila me retenía un poco pero no lo suficiente, además San Andrés me llenaba de intriga. Revolví el closet buscando camisas floreadas y encontré mi antigua cámara, fue una señal, volvería a la fotografía. Por un momento vislumbré un futuro prometedor.
Llegamos a Colombia, año ´87, caos.
Aterrizamos en Bogotá, la ciudad estaba sitiada por narcos y sicarios. Me sentí mucho peor que en Bs. As.. Volamos a San Andrés. Carlos conocía gente y en sólo dos días estábamos traficando cocaína al por mayor. Despegaban avionetas a cada hora y nosotros las coordinábamos.
En un mes había perdido 9 kilos y mi adicción al polvo blanco se volvió incontrolable. Sin dinero y colapsado emocionalmente extrañaba mi terapia más que nunca. Mi ocaso fue colombiano, pero no me arrepiento, no podía saberlo antes de viajar.

